Un trébol de cuatro hojas lleva tu corazón de princesa,
es tan tierno su verdor como tierna fue la mirada
que se posó en ti al nacer, un radiante cuatro de febrero,
en que dormías como una ola que se desmaya en la arena.
Cántaros de oro llegaron en manos de Duendes cantores
cantando dulces canciones que en tu bello rostro
formaban estrellas de sonrisas e ilusiones
llenas de amor y de esperanza plena.
Sus pétalos de la suerte te regalaron inspiraciones poéticas,
que junto al sol, el mar y la luna, han guiado tus pasos
mientras te mecían al compás de flores de fantasía,
por la fortuna que traes desde la cuna.
Nunca imaginaste ser tan creativa,
amándo tu arte de escritora furtiva,
tejiendo con tus manos... poemas que cautivan.
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