Caminos yacen en mi cuerpo,
tratas de avivarlos con tus aullidos,
como un lobo solitario en el desierto,
me rasgas la piel de mis recuerdos.
Huyo de tu lado y me persigues,
como animal hambriento por su presa.
Me detengo unos segundos,
me alcanzas y no me sueltas.
Siento tus garras de fiera
penetrando mis entrañas,
mojando mi ser
con toda tu savia.
¡Huye cobarde!
¡Corre! Si, corre como una bestia,
que se hundirá en el fango
de su propia inclemencia.
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