Un pasado que va y viene,
que por momentos se detiene,
colgando en la pared,
se encuentra aquel viejo reloj,
que durante tantos años,
ha marcado mis largas huellas.
Moviéndose una tras otra,
las manos que se entrelazan
y que se separan
para ir una,
detrás de la otra,
para continuar
señalándome
el tiempo,
que en vano no pasa.
Ya hay nieves en mis sienes,
que son signo inequívoco,
del transcurrir de una vida,
que va llegando a su ocaso.
Partiré en cualquier momento,
y tú continuarás inalterable,
en tú otoño seco.
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