viernes, 23 de marzo de 2012

El portador de la torre

Llegó a mis brazos en tiempos de neblina, envuelto con su abrigo de letras, dispuesto a embriagarse los sentidos, transportándome al mirar su piel tan blanca. 
Llevaba entre sus dedos una gruesa pluma, en donde emanaba tinta tan blanca, clara, como la espuma del mar, qué pugnaba por salir en esa bella tarde en que lo conocí. 
Era el portador de la torre de marfil, qué se movía a su antojo como si estuviera sobre un tablero de ajedrez. 
No estaba solo, lo acompañaban el certero arfil, la Reina Reilona, el Rey de barba perfectamente rasurada, dejando entrever, su tierna, lisa, húmeda, rosada, delicada piel. 
Sentado se encontraba la última vez que lo vi, a través del cristal, en la distancia de una larga noche que nos devolvió a la realidad, tras el sonar del despertador: Riiing, riiing, riiing.

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