Sentado con las piernas recogidas
se encuentra el viejo bombero
comiéndose un mendrugo de pan
que alguien en un descuido dejo caer...
al pasar.
Un trazado de sonrisa deja entrever
la falta de dientes
que indudablemente
cuando niño
habría de tener.
Se levanta lentamente
luego de comer,
seguramente muchos días
pasaran
antes de que lo vuelva a hacer.
Ropas carcomidas por las llamas
que apagaba en el ayer
hacen que en su memoria regresen
los recuerdos
de los fuegos
que tenía que atender.
Ante sus ojos los disipa
para que no vuelvan a arder.
Cuanta valentía
este hombre tenía
que ahora al ver
sus manchas negras
de quemaduras
marcadas en la piel,
le indican, que son
la irrefutable prueba,
de que bombero fue...
lo que siempre quiso ser.
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