Le perturba la noche ondulada de encajes,
que llega a la orilla con oscura tristeza.
Se esparcen pompas de jabón dentro de su corazón,
desapareciendo, tras el soplo de sus labios rojos.
Las ilusiones se van caminando hacia el mar,
donde... tiene miedo de detenerlas a su lado.
Prefiere disimular que siente lo que siente,
en los recovecos de recuerdos, que no volverán.
¿Quién puede tocar el violín de su alma?
¿Acaso un violinista con cuerdas de oro?
Que teje el ambiente
con su clásica melodía... que tanto adora.
Decide alejarse... con pasos de silencio,
sin levantar el polvo que pudiera pisar,
sin dejar ninguna clara huella
de su presencia en el andar...
Que la llevará sin retorno al lugar musical,
donde podrá continuar componiendo canciones,
sobre aquellos dulces momentos que vivió,
llenos de inmensa dicha, y gran felicidad.
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