Tomo mi linterna y recorro la noche. Pocos han visto lo qué yo: Un borracho tirado en la arena. Un sordo ronquido intercalado de olas espumeantes. Un cangrejo retardado buscando su grieta. Un zapato húmedo. Solo un tronco flotando. El mar reprimiendo mi ausencia. Él… inmenso, rugiente, poderoso, altivo, hablándome de su poder, de su imperio, su misterio. Yo, frente a él, erguida, con el pecho hinchado de orgullo, le hablé de ti, y se sintió pequeño. Mansa agua… acarició mis pies.
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