viernes, 23 de marzo de 2012

La piel de mis recuerdos

Caminos yacen en mi cuerpo, 
tratas de avivarlos con tus aullidos, 
como un lobo solitario en el desierto, 
me rasgas la piel de mis recuerdos. 


Huyo de tu lado y me persigues, 
como animal hambriento por su presa. 


Me detengo unos segundos, 
me alcanzas y no me sueltas. 


Siento tus garras de fiera 
penetrando mis entrañas, 
mojando mi ser 
con toda tu savia. 


¡Huye cobarde! 
¡Corre! Si, corre como una bestia, 
que se hundirá en el fango 
de su propia inclemencia.

Amiga

Amiga: Fijamente te miro a la cara y te hablo con serenidad, paciente, tranquila, quizás como ausente, como perdida después de volver de una turbulencia, asombrada, absorta, por la rapidez que un fuerte huracán se llevo a alguien, a alguien aparentemente mío, que Dios me presto por un tiempo y que vuelve a sus brazos a integrarse en su esencia. Un dolor muy grande, profundo, inexplicable, que no se expresa en llantos, ni gritos, que solo las lágrimas que brotan en silencio pueden comprenderlo porque siempre nos acompañan por dentro. ¡Un hijo! que lo vi crecer, hacerse un hombre, formar una familia. Pero un día, apareció una terrible enfermedad contra la cual lucho y lucho y no logro vencer. Y que el domingo de resurrección que le dio su última estocada, para entrar en una terrible agonía. Un sufrimiento atroz verlo así. ¡Y se fue! 18 de Mayo. El Padre Eterno, el Supremo Creador lo llamó. Hágase su voluntad. Le doy gracias al Dios de mi corazón por su presencia, su compañía, las alegrías, las tristezas, las preocupaciones, las esperanzas, las satisfacciones que este ser querido me proporcionó durante su presencia en este plano y que me hizo crecer y le pido que lo ayude a evolucionar en ese pedacito del espacio superior donde se encuentra. 
Amiga: Una mujer al fallecer su esposo se le nombra: "Viuda"; unos hijos al perder su padre, se les nombra: "Huérfanos"; pero una madre al perder un hijo ¿Qué nombre se le da? ¿Qué nombre amiga?. No tiene nombre, porque ese dolor es muy grande para darle nombre. Por eso cuando tu veas a un niño, un adolescente, un adulto, un anciano, no los veas a ellos, no veas sus defectos ni sus virtudes, ¡Ve en cada uno a tus hijos!. 
Quiera Dios que ninguna otra madre pase por esta experiencia, porque no tenemos la suficiente fortaleza para entender lo que es esa transición para poder así lograr consuelo. 
Amiga, te doy gracias por leer estas líneas.

Rostro triste

Veo tu rostro triste, 
una lágrima con destellos 
parecidos al cristal 
proviene de tu alma de ensueño, 
ante la mirada profunda 
que habla sin hablar.

Unos labios entreabiertos 
que quieren gritar 
el dolor tan intenso 
que nadie puede imaginar. 


Tratas con tu manto ocultar 
las veces que la luna nueva 
te ha querido hablar, 
pero tu con tu tristeza 
no la puedes escuchar.

El ascensor

Eran pasadas las seis de la tarde, pronto anochecería, cuando recordó que debía buscar una constancia de notas de sus últimos exámenes en la planta superior del lugar donde estudiaba leyes; así que en vez de subir por las escaleras como era su costumbre, decidió montarse en el ascensor, que se encontraba completamente solo – quedaba muy poca gente en el recinto estudiantil. Una vez dentro, cerradas sus puertas, éste comenzó a ascender, cuando ¡De repente! Sintió como se detenía violentamente, tambaleándose, casi, haciéndola caer. Se había ido la luz. 

Se encontraba sola, completamente sola, encerrada, comenzó a gritar muy fuerte pidiendo auxilio: - ¡Ayúdenme! ¡ Sáquenme de aquí! decía - en su desespero, siendo presa de un terror continuo, golpeaba las puertas con los puños cerrados hasta quedar enrojecidos, sangrando. 

Pero nadie podía oírla, todos se habían ido. Trato de tranquilizarse, pensando, si, pensando en las muchas veces que había leído alguna que otra recomendación ante un caso parecido. Lo primero era mantener la calma, mucha calma. Respirar profundamente. Cuidar el oxígeno que la mantendría viva, tal vez hasta el día siguiente, pero no, era viernes, tendría que resistir hasta el lunes, en que si aun estaba con vida, los primeros al llegar y abrir el ascensor, seguramente la encontrarían casi muerta, o muerta. 

Se sentó acurrucada en un rincón del pequeño ascensor, tomando de manera muy lenta bocanadas de aire. Nunca antes se había dado cuenta de lo pequeño que era, muy pequeño, lo mas que podrían entrar, serían tres personas, no mas. En esa posición en la que se encontraba, comenzó a orar mucho. Los minutos, los segundos, las milésimas de segundos, al igual que una carrera de automóviles de la fórmula uno, donde su propia velocidad los supera, haciéndose eternos; como si el tiempo se hubiera detenido en aquel silencio abismal que solo ella, solo ella estaba viviendo. 

Miles de imágenes venían a su mente, tantos recuerdos, la familia, sus hijos, los amigos. Pensaba que si moría, quería le colocaran medias en los pies, que fueran blancas, de algodón, con algún detalle color rosa para que no le diera frío una vez enterrada tres metros bajo la tierra. 

Tenía la certeza que al no llegar a casa a la hora acostumbrada comenzarían a preocuparse, a buscarla, a hacer llamadas, sin éxito ¡Oh, Dios! ¡Cuanta angustia! ¡Cuánto horror! Encerrada en el ascensor. 

Miraba hacia todos los lados, había aun un poco de claridad lo suficiente para poder observar buscando una posible solución que le hiciera salir de la inverosímil situación en la que se encontraba, en la que el destino, la había colocado. Vio las puertas de metal color gris frente a ella y en un impulso desesperado, con una gran fuerza descomunal desconocida que se apoderó de su delgado y frágil cuerpo, comenzó a empujar, tratando de abrirlas, con la esperanza de que al hacerlo podría salir de allí. ¡Lo logró! Pudo abrirlas, quedando ante sus ojos más abiertos que nunca antes – aterrados - ¿Imaginen qué? Un muro de ladrillos rojos sin frisar era lo que se veía – se dijo a si misma: – Estoy enterrada viva. 

Comenzó a gritar nuevamente pidiendo ayuda, diciendo: “Estoy aquí, encerrada en el ascensor, por favor sáquenme de aquí”. Silencio espectral. Tenía que tranquilizarse, seguir orando, conservando el oxígeno que la mantendría con vida hasta la semana siguiente. Así estuvo por largo tiempo, un tiempo eterno; del cual sabia, jugaba en su contra. Estaba anocheciendo, quedando totalmente a oscuras. 

Cuando de pronto, escuchó a lo lejos un leve sonido, como el de unos pasos firmes que estaban encima, sobre su cabeza. Se levanto inmediatamente del piso gritando y golpeando más fuerte que antes, hasta agotar todas las fuerzas. Logrando escuchar una tenue voz de hombre que preguntaba: - ¿Hay alguien allí? ¿Hay alguien en el ascensor? – Si, si, si, gritaba - ¡Estoy aquí! ¡ Sáquenme por favor! Sintió como los pasos se alejaban sin decir nada, dejándola sumergida en el mas cruento silencio; para luego regresar con muchos más pasos. 

Otra voz de hombre dijo: - Subiremos al techo del Edificio para tratar de subirla un poco a través de la Guayas, quédese tranquila, la sacaremos. De sus ojos comenzaron a brotar espontáneamente lágrimas, miles, millones de lágrimas, elevando su gratitud al Dios de los cielos, a la Virgen Santísima, porque habían escuchado todas las suplicas. 

Muy lentamente, lentamente fueron subiendo el ascensor hasta llegar a un punto que dejaba entrever una abertura lo suficiente para salir, una tenue luz ilumino lo que antes era completa oscuridad; no sin antes observar los zapatos de los rescatistas. La sujetaron por ambos brazos mientras se impulsaba con ambas piernas hacia arriba en un desespero por salir lo más pronto de ese lugar. Al subir, abrazos con llanto hubieron, pero contentos por la obra realizada. Les dio las gracias infinitas desde lo más hondo de su corazón. 

Al poco rato, uno de ellos comentó lo siguiente: - Que todos se habían ido, menos él, porque era el vigilante, dijo: - Cerré todas las puertas como es la costumbre, hice mi recorrido por todas partes para constatar que no hubiera nadie; pero algo muy extraño sucedió, un teléfono en las oficinas superiores no dejaba de sonar, repicaba incesantemente, como si quisiera que alguien atendiera la llamada, era tanto así, que decidió subir las escaleras para averiguar que sucedía (el ascensor se había dañado al irse la luz). Apenas subió, dejo de sonar el teléfono, pero una sombra cerca del ascensor le hizo ir a indagar quien estaba allí escondido detrás de una pared, no había nadie, tan solo escuché, a lo lejos, muy a lo lejos, una voz pidiendo ayuda, saliendo inmediatamente a la calle a buscar mas personas. El resto ya ustedes lo saben.

Los hámsters

Los hámsters caminan 
a la luz del sol 
están muy sonrientes 
con blusa y pantalón. 
¡Cada hámster hembra 
come girasol! 
¡Cada hámster macho 
mastica pistacho! 
Los pequeños hámsters 
no saben cantar 
llenos de música 
sueñan con la mar. 
La abuelita hámster 
cocina tranquila 
y un chorro de leche 
derrama caliente. 
Dentro de su jaula 
suben la escalera 
haciendo ejercicios 
dentro de su rueda. 
Los hámsters con sueño 
se quieren dormir 
contándoles cuentos 
que no tengan fin.

El tasador de red (Cuento)

El Capitán del buque “La Caracola” se sumerge hasta las profundidades del mar, utilizando su traje sintético de látex de buzo de color negro para realizar el gran trabajo que tiene que hacer en el menor tiempo posible, aun cuando sabe al peligro que se expone, ya que hay algunos tiburones esperando comer algo fresco. Era un experto tasador de la red.

¿Sabes lo que es un tasador de red?: Es una forma marítima de llamar a aquella persona valiente por demás, con conocimientos específicos de saber cerrar la red a la que le ha abierto un tiburón un hoyo para entrar y comerse a los atunes que tanto a costado capturar. 

Los atunes son atrapados en unas redes que miden hasta cinco (5) kilómetros de largo por dos (2) de ancho, allí pueden entrar tres mil (3.000) especies distintas, pero lo que nos interesa es el atún, que es muy atrayente para el paladar del tiburón, no solo para el hombre; las otras especies se sacan o se van. 

Cuando el tiburón esta cerca de una red llena de atunes la rompe hábilmente con sus dientes bien afilados para comérselos tranquilamente en el fondo del mar. El tasador de red tiene el trabajo de sacar al tiburón y tapar el hoyo que este dejo al entrar, pero el tiburón no esta dispuesto a salir tan fácilmente, el tasador de red tampoco esta dispuesto a que le coman el atún. 

Curiosamente, si algún atún se da cuenta por donde entro el tiburón, inmediatamente le avisa a los otros, para poder escapar solidariamente. 

Un dato importante es, que dependiendo de la profundidad donde se crié el atún, cambiara su color; si esta mas expuesto al sol será más oscuro, pero si se cría en mayor profundidad será de color rosado. 

El tasador de red utiliza unos arpones para hacer dormir al tiburón; otras veces utiliza una lanza eléctrica (de entre 200 wattios mínimo hasta 800 máximo) con la cual a veces resulta fácil empujarlo pero otras veces no tanto; y con ayuda de Guayas que están sujetas al buque, logran sacarlo, tapándose el hoyo lo mas rápido posible, con un nylon especial tejiendo la red para que no huyan los atunes. 

Una vez arriba los atunes, se colocan en cavas heladas que los llevaran a tierra firme sin ninguna otra novedad; pudiendo en cada casa saborear este rico alimento, proveniente de los grandes mares del mundo con la ayuda insuperable de nuestro gran amigo: “El tasador de red”.

Donde te encuentres

Donde quiera que te encuentres, 
amapola del sendero, 
ha de llegar mi ternura 
que arrullada yo te envío. 


Cobíjala, que ha nacido 
al beber de tu sonrisa, 
esa cristalina gota, 
de tu piel, como rocío. 


Donde quiera que te encuentres, 
libélula fina y dulce, 
he de beber de tu vuelo, 
que es el maná apetecido, 
donde cantan las auroras 
sobre campos florecidos.


Donde quiera que te encuentres 
amor divino y profano, 
acoge mi tierno canto 
nacido de tu sendero 
que ha llegado hasta mis manos.

Letras etéreas

Las letras etéreas
en el aire están 
bellas y humildes 
a tu alma amarán.

¡Alcancen las manos! 
Escriban con lápiz 
en hojas en blanco 
con rimas y cintas.

Me gusta expresar 
alegres canciones 
que a todos les guste 
en mis narraciones.

Un alma quebrada 
mirada con llanto 
amores en brumas 
 y manos temblando.

Felices seremos 
los poetas con musa 
sin dejar de escribir 
¡Nunca! ¡Nunca! ¡Nunca!

El portador de la torre

Llegó a mis brazos en tiempos de neblina, envuelto con su abrigo de letras, dispuesto a embriagarse los sentidos, transportándome al mirar su piel tan blanca. 
Llevaba entre sus dedos una gruesa pluma, en donde emanaba tinta tan blanca, clara, como la espuma del mar, qué pugnaba por salir en esa bella tarde en que lo conocí. 
Era el portador de la torre de marfil, qué se movía a su antojo como si estuviera sobre un tablero de ajedrez. 
No estaba solo, lo acompañaban el certero arfil, la Reina Reilona, el Rey de barba perfectamente rasurada, dejando entrever, su tierna, lisa, húmeda, rosada, delicada piel. 
Sentado se encontraba la última vez que lo vi, a través del cristal, en la distancia de una larga noche que nos devolvió a la realidad, tras el sonar del despertador: Riiing, riiing, riiing.

El viejo bombero

Sentado con las piernas recogidas 
se encuentra el viejo bombero 
comiéndose un mendrugo de pan 
que alguien en un descuido dejo caer... 
al pasar. 
Un trazado de sonrisa deja entrever 
la falta de dientes 
que indudablemente 
cuando niño 
habría de tener. 
Se levanta lentamente 
luego de comer, 
seguramente muchos días 
pasaran antes de que lo vuelva a hacer. 
Ropas carcomidas por las llamas 
que apagaba en el ayer 
hacen que en su memoria regresen 
los recuerdos de los fuegos 
que tenía que atender. 
Ante sus ojos los disipa 
para que no vuelvan a arder. 
Cuanta valentía 
este hombre tenía 
que ahora al ver 
sus manchas negras 
de quemaduras 
marcadas en la piel, 
le indican, que son 
la irrefutable prueba, 
de que bombero fue... 
lo que siempre quiso ser.

Pasos de silencio

Le perturba la noche ondulada de encajes, que llega a la orilla con oscura tristeza. 
Se esparcen pompas de jabón dentro de su corazón, desapareciendo, tras el soplo de sus labios rojos. Las ilusiones se van caminando hacia el mar, donde... tiene miedo de detenerlas a su lado. 
Prefiere disimular que siente lo que siente, en los recovecos de recuerdos, que no volverán. 
¿Quién puede tocar el violín de su alma? ¿Acaso un violinista con cuerdas de oro? Que teje el ambiente con su clásica melodía... que tanto adora. 
Decide alejarse... con pasos de silencio, sin levantar el polvo que pudiera pisar, sin dejar ninguna clara huella de su presencia en el andar... 
Que la llevará sin retorno al lugar musical, donde podrá continuar componiendo canciones, sobre aquellos dulces momentos que vivió, llenos de inmensa dicha, y gran felicidad.

Trébol en un cuatro de Febrero

Un trébol de cuatro hojas lleva tu corazón de princesa, es tan tierno su verdor como tierna fue la mirada que se posó en ti al nacer, un radiante cuatro de febrero, en que dormías como una ola que se desmaya en la arena.

Cántaros de oro llegaron en manos de Duendes cantores cantando dulces canciones que en tu bello rostro formaban estrellas de sonrisas e ilusiones llenas de amor y de esperanza plena. 

Sus pétalos de la suerte te regalaron inspiraciones poéticas, que junto al sol, el mar y la luna, han guiado tus pasos mientras te mecían al compás de flores de fantasía, por la fortuna que traes desde la cuna. 

Nunca imaginaste ser tan creativa, amándo tu arte de escritora furtiva, tejiendo con tus manos... poemas que cautivan.

Suaves matices

He encontrado en ti... 
mi yo. 
Somos parte de un mismo ser... 
amor. 
Un te quiero con respuesta... 
un beso. 
Siento tu mano en mi mano... 
una caricia. 
Palabras que se hablan... 
se cruzan. 
Caminamos un verde sendero... 
abrazados. 
Suaves matices en la mirada... 
¡Te amo! 
Canciones escucho en la radio... 
¡Te quiero! 
Un oleaje en los mares... 
espumas. 
Dulces cuentos en la cuna... 
ternura. 
Ojos que se abren... 
despiertan. 
Pestañas que se cierran... 
sueñan.

Redescubrimiento absoluto

Aunque nunca sentí tu presencia te comparo con el amanecer… un amanecer duradero, que en el transcurrir del tiempo, de las horas, me permitió aprender, ver la luz que el sol me brindaba cada mañana, cada día.

Cuando llegó el atardecer, llegó también contigo la despedida, sintiendo que se habían quedado adheridas enseñanzas que no volverán… con el paso del tiempo. 

Más no hubo lágrimas en los ojos, ni alegrías, ni tristezas en el corazón. Solo quedó lo tenue de la brisa, lo tenue de las palabras, lo tenue del contacto mutuo. De cosas que se unen en el amanecer y que se separan en el atardecer. 

Renacer, reverdecer las plantas a mí alrededor. Se oye el trinar de los pájaros, qué antes imprescriptibles, ahora son hermosa melodía. Aún con la distancia: Tierra, cielo, mar, viento. 

Todo esto se resume en una sola palabra: "Amor"… amor hacia ti mi Señor Dios. Qué cómo otras tantas veces, cómo ahora… no he tenido la valentía de defenderte, de ahondarte dentro de mí ser cómo tú lo has querido. 

Qué mi encuentro contigo sea eterno, que las cosas de la tierra, las materiales, no me cieguen, me detengan a quererlas, anteponerlas, más que a ti. Deseo que esta permanencia permanezca en mí. Negarme a mí misma, ser valiente, no mirar hacia atrás. Seguirte en el camino de la entrega absoluta. Seguir tus pasos, como si tú y yo… formáramos… una misma persona.

Crestería

En la distancia se visualizaba la crestería de cerros, claramente, con los dieciséis molinos de viento que la conformaban, cerca del Castillo que lo llevaría a descubrir lo que desde hace tiempo sospechaba, sin dejarlo casi dormir, trastocando sus pensamientos. 

Estaba soplando muy fuerte el viento, haciendo que todo se moviera al mismo tiempo; cerraba los ojos para escuchar los sonidos, respirar profundamente el aire puro que entraba en sus pulmones, sin contaminante alguno. 

Habían construido una acequia para el riego de la siembra del lugar. Una barca pequeña, bien elaborada, pintada con figuras, imágenes de colores brillantes, los cuales no conocía. Tal vez realizados por niños traviesos como cuando él era pequeño. 

Por fin llegó, todo a su alrededor bello, pulcro, fascinante, admirable, la arquitectura impresionante. Una caña de bambú atravesaba una de las grandes puertas de madera tallada en señal de que no se podía entrar. No resistió la tentación, se acercó, con mucho esfuerzo, pero con cuidado la quitó. Al abrirla, un altar de sacrificios recién utilizado por las huellas húmedas observadas de color rojo intenso; otras, coaguladas. Sus suposiciones confirmadas al abrir uno que otro baúl que allí se encontraba, cuerpos mutilados, que debió cerrar casi que inmediatamente por el fuerte mal olor que expedían. ¿A quienes pertenecían? ¿Quién pudo haber cometido semejante atrocidad? Tal vez las autoridades competentes algún día obtendrían las respuestas que ahora desconocía por completo y que lo hacían alejarse con más preguntas que antes.

Desfragmentados

Separados desde sus adentros 
una por una sus piezas, 
su amor antes entereza, 
ahora se halla despedazado 
por el destino.

Cada uno de sus besos 
se fue volando con los años, 
y ahora que ya están viejos, 
desfragmentados 
se encuentran sus brazos. 


Pequeños trozos 
del pasado 
aparecen hoy 
en tristes recuerdos, 
quedando en el olvido 
lo que ya no existe 
tan querido.

Dos corazones 
antes unidos, 
hoy se encuentran 
en el destierro 
de sus almas 
temblorosas, 
que no volverán 
a unirse 
porque sus cuerpos
ya no reaccionan, 
ante la caricia 
de unas manos... 
temblorosas.

Soledad atrapada

A raudales vas 
sobre mis pasos 
cómo la lluvia 
que cae temblorosa, 
mojando el libro 
que canta colores, 
con ojos... de profundo 
y eterno amor. 


En el vespertino 
horizonte de luz 
que baña 
las tardes doradas 
cubiertas 
de soledad atrapada, 
entre las paredes 
húmedas 
de un cuerpo 
que se adormece, 
con el sonido 
que del cielo 
se escucha... 
como suave voz 
de brisa cantarina, 
que viaja 
a través de los mares azules, 
profundos, 
en busca de tu tierna... 
compañía.

Sinfonía de Ángeles

Si muero 
no le digan a nadie 
que morí 
escuchando una sinfonía 
de ángeles 
yo partí. 


Envuelta en bellas poesías 
entristecí. 


Rodeada de bellas flores 
me vi. 


Escuchando 
el trinar de las aves 
sentí. 


Si alguien pregunta 
digan que estoy 
muy lejos de aquí 
en un lugar lejano 
que nunca antes 
conocí. 


Lágrimas 
en sus amados corazones 
percibí 
cuando leyeron 
estas letras tristes 
que escribí. 


Despedirse en vida 
era difícil concebir 
ya que a los amigos 
con alegría 
hay que recibir 
con aquellos abrazos 
y besos 
que quería 
percibir. 


Veo la luz brillante 
que me llama a asistir 
a un gran banquete 
en honor 
a mí.

Deslizante mujer de las aguas

¿Qué extraño? Se preguntó, al mirar hacia el suelo en dónde brillaba, aparentemente, lo que parecía un anillo humedecido por las aguas de un río que a él en lo particular, le gustaba llamarlo “Deslizante mujer de las aguas”. 

Se agachó, lo agarró con su mano derecha con la cual al mismo tiempo le quitaba algo de tierra endurecida que tenía adherida, para luego limpiarlo frotándolo con la parte inferior de su camisa blanca; no le importaba, ensuciarla valdría la pena, ya qué al observarlo de cerca, constató que era de oro macizo con bellas piedras incrustadas, supuso que costaba mucho dinero. 

Siguió su trayecto por la arboleda hasta su cabaña. Al llegar, escuchó tenues voces qué le produjeron un frio que lo hizo estremecer. Enseguida fue a su armario para sacar su chaqueta de cuero color marrón, colocándosela. Se sentía mucho mejor, más tranquilo, mientras pensaba: ¿Serán voces pertenecientes a lo qué acababa de hallar? Descartó esas ideas de su mente. Era suyo. Nadie podía quitárselo. Lo vendería al mejor postor. 

Apagó todas las luces antes de irse a dormir, los servicios cada día estaban más costosos y sus ingresos precarios. Un desempleado sin ganas de trabajar. Pero en la oscuridad, en pleno silencio, la lluvia comenzó a caer torrencialmente, trayendo consigo algunos susurros acompañados de sombras, qué le hicieron sentir un gran temor ¿Ya no eran ideas suyas? Alguien estaba hablándole y visualizándose ante él, manifestándole: -Es mío ¡Devuélvemelo! -Acude hasta el final del riachuelo y encontrarás mi cuerpo, colócalo en mi dedo para poder estar en paz. 

¿Sería cierto? ¿O estaba soñando? Lo mejor sería hacer lo que se le pedía. Tomó una linterna, salió, hasta encontrarla, completamente desnuda, sin vida, era muy bella ¿Quién pudo haberla asesinado? -se preguntaba- colocándole la sortija. Al instante el cuerpo de la hermosa mujer, qué estaba cubierta de lodo, se levantó ante él abrazándolo muy fuerte, arrastrándolo hasta las profundidades del río. Presentía lo peor, sabía qué tenía que luchar con todas sus fuerzas hasta lograr arrancarle nuevamente la hermosa joya de su mano, ya qué entendió era la qué la había revivido nuevamente. Se acordó que siempre llevaba consigo una afilada navaja y le quitó el dedo de un solo trazo, lo más rápido que pudo y así poder escapar de aquella tenebrosa noche, qué nunca olvidaría. 

¿Qué qué pasó con el anillo? Lo vendió, valía mucho dinero. Pagó todas sus deudas y pudo costear sus gastos hasta qué encontró un buen trabajo. ¿Adivinen de qué? De joyero.

Colgando en la pared

Un pasado que va y viene, 
que por momentos se detiene, 
colgando en la pared, 
se encuentra aquel viejo reloj, 
que durante tantos años, 
ha marcado mis largas huellas.

Moviéndose una tras otra, 
las manos que se entrelazan 
y que se separan para ir una, 
detrás de la otra, para continuar 
señalándome el tiempo, 
que en vano no pasa.

Ya hay nieves en mis sienes, 
que son signo inequívoco, 
del transcurrir de una vida, 
que va llegando a su ocaso.

Partiré en cualquier momento, 
y tú continuarás inalterable, 
en tú otoño seco.

Madrugada insomne

Madrugada insomne qué alumbrada por una tenue luz, 
permitieron escribir éstas letras qué quedarán póstumas 
de tan hojaldres sentimientos. 


Tomaste entre tus manos el borrador del olvido, 
me olvidaste, lo sé, no quieres lastimarme, 
sin embargo… lo hiciste. 


Fuertes vientos tambalearon el alma de la roca 
dormida, despertándola entre las sombras, 
cuando arropada en el silencio oscuro, 
largo de la noche qué la acompañaba 
con tú fría imagen, pesaba sobre su espalda. 


Tus palabras marchitaron el jardín 
qué había florecido alrededor del árbol. 


Fuiste rápido al escribirlas, inquietando tus manos, 
los pensamientos, no resultaba fácil, 
para las fieras de los adentros. 


Era necesario ante una situación inimaginable. 


Las hojas qué comenzaron a caer cada tarde, 
ya no caerán, ni el acordeón volverá 
a desplegar sus notas armoniosas. 


Ya no estaré, nuevas señales llegarán para visualizar 
aquél árbol seco, vacio, qué siempre había sido, 
pero que por breves instantes se volvió florecido, 
ante la primavera de tú amor.

Nostalgia cariñosa

Cómo un fuerte relámpago le llegó la imagen qué desde su juventud, había sido difícil evocar de nuevo. Era blanco, alto, cejas pobladas, cabellos negros ensortijados, ojos grandes y profundos, nariz perfilada, labios delgados, orejas grandes que le hacían pensar en elefantes color rosa haciéndola sonreír cada vez que lo observaba desde la distancia; siempre vestido con camisa y pantalón de lino, zapatos, medias, cinturón, sombrero todo blanco, se veía tan elegante, tan fino. 

Si, sintió amor por aquél desconocido, cuyo recuerdo se presentaba en el ahora en que su mente se encontraba poseída por una extraña enfermedad que la mantenía atrapada en el olvido. 

Su madre solía enviarla a comprar los víveres en el abasto qué quedaba justo en la esquina, sin necesidad de cruzar la calle, se iba derechito por la acera, allí lo conoció, con apenas siete años y él veinte; le regalaba caramelos, diciéndole lo bonita que era. 

Fueron pasando los años, no volvió a verlo; hasta qué un día comenzó a trabajar de secretaria en el Hospital Antituberculoso de la ciudad, recién había cumplido los diecisiete. Al día siguiente, la mandaron a llamar de la Oficina del Administrador, tocó la puerta, una voz fuerte, grave, la mandó a pasar adelante, giro el pomo, al verlo, todo su cuerpo se estremeció en su totalidad, era él, él mismo hombre de quién se había enamorado para aquel entonces ¿Destino? ¿Casualidad? A quien le importaba. Al verla, sin saber quién era ella, la comenzó a cortejar, con el pasar de los días se fueron haciendo muy amigos, llenándola de regalos, atenciones, hasta el día en qué se entregó de cuerpo y alma sin vacilaciones, a conciencia, a plenitud, sin arrepentimientos, viviendo juntos, formando una familia por más de treinta y cinco años. 

Hoy con nostalgia cariñosa, ha podido revivir esos momentos que volverán al espacio en blanco, cómo en una hoja de papel… sin nada escrito en ella.

Recorriendo la noche

Tomo mi linterna y recorro la noche. Pocos han visto lo qué yo: Un borracho tirado en la arena. Un sordo ronquido intercalado de olas espumeantes. Un cangrejo retardado buscando su grieta. Un zapato húmedo. Solo un tronco flotando. El mar reprimiendo mi ausencia. Él… inmenso, rugiente, poderoso, altivo, hablándome de su poder, de su imperio, su misterio. Yo, frente a él, erguida, con el pecho hinchado de orgullo, le hablé de ti, y se sintió pequeño. Mansa agua… acarició mis pies.

Una pluma negra

Una pluma negra 
al tocar un tintero 
en ave se convirtió, 
queriendo escribir 
con sus alas, 
los sueños 
que ayer 
olvidó. 
Volaba con un corazón 
lleno de una vieja pasión, 
que entre risas, placeres 
y alegrías se encontró; 
transformándose en lo bello 
que siempre lo inspiró, 
pues lleno de eterna grácil magia existió. 
Ahora surca los cielos 
en busca de Dios, 
quien lo espera libre en sus vuelos 
cuando atraviesa 
la luna llena 
en las noches en que sueña 
que viene a buscarlo 
su eterno y gran... 
amor.

¿Has visto como muere una ilusión?

¿Has visto cómo muere una ilusión? 
-Sí, la he visto. 
Es como el llanto de una trompeta 
al contacto de los labios rojos 
entonando una melodía 
con una lágrima en los ojos, 
que brota hasta convertirla 
en aquel mar azul tan profundo 
que en lontananza 
hace visualizar una pequeña tabla de madera 
para asirse a ella, 
cuando la arrastra hasta la orilla 
cubierta de hermosas espigas doradas. 
¡Cuando estuvo frente a mí! 
Me aferré a su entereza, 
sintiéndome enamorada, 
un fuerte, contundente, 
arrebatador remolino me la arrancó. 
Hoy, lloro con desgarro... su ausencia.

Heliotropo

Habían transcurridos algunos años desde aquél día en que se olvidó por completo de su hermoso vivero, lleno de flores, orquídeas por donde quiera, que con tanto sacrificio había construido a sus solas expensas. Recordaba con tanto cariño a Carmen, su íntima, su confidente, aquella quien le había traído del Perú una linda planta de heliotropo de bellas hojas color verde oscuro, que nunca había podido olvidar, sobre todo por el eritema que le había producido en la piel. Ahora se encontraba por las calles como un sonámbulo, sin saber a dónde ir, a quien acudir para que le tendiera una mano y salir de ese traspié que sin darse cuenta había cometido en el pasado. Un pequeño mareo lo hizo detener sus pasos, colocándose de espaldas a la pared de una hermosa casa pintada de rosado, se sujetó como pudo de las rejas en un primer momento en que su visión se oscurecía, para luego ir lentamente deslizándose hasta caer al pavimento. 
Al despertar, se encontró en una gran habitación, encima de una cama de sábanas rosadas como las pomarrosas o peritas como le gustaba llamar a esa fruta tan sabrosa. Un rechinar de bisagras lo hizo mirar hacia la puerta, apareciendo ante él, su adorada Carmen, quien le sonreía ampliamente trayendo en sus manos una bandeja de plata pulida con una humeante taza de té que por su aroma inconfundible sabía que era de manzanilla, su preferido. Inmediatamente comenzaron a conversar, a reír juntos. Ella le contó como su esposo la había abandonado, dejándole la casa, una buena pensión; luego de algún tiempo, le había hecho llegar por correo la sentencia de divorcio, sin dar ninguna explicación. Ahora eran libres para comenzar una vida juntos, sin sombras del pasado que los pudiera venir a perturbar, el amor, se había rencontrado, para hacerlos inmensamente… felices.

Ausencia

Golondrina, 
nombre libre de ensueño, 
en alas poseídas del cielo 
nos enseña la libertad del tiempo. 


Golondrina, 
que estas presente en mí desespero, 
no te alejes en mí empeño. 


Golondrina, 
cuando lejos estuvieras, 
cielo azul te cubriera 
y ancho mar te sostuviera 
no permitas que sus amplios albedríos 
oscurezcan los momentos míos, 
en tus pensamientos. 


Golondrina, 
nombre libre de ensueño, 
que recordado siempre en mi interior, 
no desaparecerá tan pronto, 
como humano desde su creación.

Tan lejos de ti

Tan lejos de ti, 
tan cerca te escucho, 
llorando mis ojos, 
doliendo profundo. 
Trabando cerrojos, 
tan lejos de hablarte, 
tan cerca al besarte. 
Mi voz en silencio, 
queriendo olvidarte, 
mi mente pensando, 
tan lejos de ti, 
tan cerca de aquí.  
No puedo palparte, 
si vives en mí.
No puedo apreciarte, 
te llevo conmigo.
Tan lejos del cielo, 
tan cerca del sol, 
extraño... tu voz.

Por los poros de las letras

Por los poros de las letras fluye un hilo muy delgado que servirá para bordar los errores del pasado que sin querer han humedecido las hojas del tiempo donde se encontraban plasmados sentimientos emanados de los íntimos recuerdos convertidos en imágenes que flotaban en sueños para ser atrapados por todo aquel que los encontrara dentro de sus pensamientos haciéndolos florecer como el río que los vio nacer entre los dulces vaivenes de las aguas evaporadas por el sol hasta llegar a la luna que se perfila en el cielo y que le abre sus brazos arrullándola con ternura. 

Por los poros de las letras
Por los poros de las letras 
fluye un hilo muy delgado, 
que servirá para bordar 
los errores del pasado, 
que sin querer han humedecido, 
las hojas del tiempo 
donde se encontraban plasmados. 
Sentimientos emanados de los íntimos recuerdos, 
convertidos en imágenes, 
que flotaban en sueños, 
para ser atrapados por todo aquel 
que los encontrara dentro de sus pensamientos, 
haciéndolos florecer como el río que los vio nacer, 
entre los dulces vaivenes 
de las aguas evaporadas 
por el sol 
hasta llegar a la luna 
que se perfila en el cielo, 
y que le abre sus brazos... 
arrullándola con ternura.

Amar en el pétalo

Amar en el pétalo de la rosa que acaricia con pistilos de honestidad, junto al viento generoso que juega con los cabellos dorados proclamando con suaves movimientos una amistad que durante años ha permanecido en la familia junto al florero de cristal que aun la mantiene viva adornando, perfumando el lugar donde habita, sin saber que su belleza es efímera, y que al contacto de una mano... desaparecerá.