Caminos yacen en mi cuerpo,
tratas de avivarlos con tus aullidos,
como un lobo solitario en el desierto,
me rasgas la piel de mis recuerdos.
Huyo de tu lado y me persigues,
como animal hambriento por su presa.
Me detengo unos segundos,
me alcanzas y no me sueltas.
Siento tus garras de fiera
penetrando mis entrañas,
mojando mi ser
con toda tu savia.
¡Huye cobarde!
¡Corre! Si, corre como una bestia,
que se hundirá en el fango
de su propia inclemencia.
El Arca de mis Sentimientos (Escritos de Aleja)
viernes, 23 de marzo de 2012
Amiga
Amiga: Fijamente te miro a la cara y te hablo con serenidad, paciente, tranquila, quizás como ausente, como perdida después de volver de una turbulencia, asombrada, absorta, por la rapidez que un fuerte huracán se llevo a alguien, a alguien aparentemente mío, que Dios me presto por un tiempo y que vuelve a sus brazos a integrarse en su esencia. Un dolor muy grande, profundo, inexplicable, que no se expresa en llantos, ni gritos, que solo las lágrimas que brotan en silencio pueden comprenderlo porque siempre nos acompañan por dentro. ¡Un hijo! que lo vi crecer, hacerse un hombre, formar una familia. Pero un día, apareció una terrible enfermedad contra la cual lucho y lucho y no logro vencer. Y que el domingo de resurrección que le dio su última estocada, para entrar en una terrible agonía. Un sufrimiento atroz verlo así. ¡Y se fue! 18 de Mayo. El Padre Eterno, el Supremo Creador lo llamó. Hágase su voluntad. Le doy gracias al Dios de mi corazón por su presencia, su compañía, las alegrías, las tristezas, las preocupaciones, las esperanzas, las satisfacciones que este ser querido me proporcionó durante su presencia en este plano y que me hizo crecer y le pido que lo ayude a evolucionar en ese pedacito del espacio superior donde se encuentra.
Amiga: Una mujer al fallecer su esposo se le nombra: "Viuda"; unos hijos al perder su padre, se les nombra: "Huérfanos"; pero una madre al perder un hijo ¿Qué nombre se le da? ¿Qué nombre amiga?. No tiene nombre, porque ese dolor es muy grande para darle nombre. Por eso cuando tu veas a un niño, un adolescente, un adulto, un anciano, no los veas a ellos, no veas sus defectos ni sus virtudes, ¡Ve en cada uno a tus hijos!.
Quiera Dios que ninguna otra madre pase por esta experiencia, porque no tenemos la suficiente fortaleza para entender lo que es esa transición para poder así lograr consuelo.
Amiga, te doy gracias por leer estas líneas.
Rostro triste
Veo tu rostro triste,
una lágrima con destellos
parecidos al cristal
proviene de tu alma de ensueño,
ante la mirada profunda
que habla sin hablar.
Unos labios entreabiertos
que quieren gritar
el dolor tan intenso
que nadie puede imaginar.
Tratas con tu manto ocultar
las veces que la luna nueva
te ha querido hablar,
pero tu con tu tristeza
no la puedes escuchar.
una lágrima con destellos
parecidos al cristal
proviene de tu alma de ensueño,
ante la mirada profunda
que habla sin hablar.
Unos labios entreabiertos
que quieren gritar
el dolor tan intenso
que nadie puede imaginar.
Tratas con tu manto ocultar
las veces que la luna nueva
te ha querido hablar,
pero tu con tu tristeza
no la puedes escuchar.
El ascensor
Eran pasadas las seis de la tarde, pronto anochecería, cuando recordó que debía buscar una constancia de notas de sus últimos exámenes en la planta superior del lugar donde estudiaba leyes; así que en vez de subir por las escaleras como era su costumbre, decidió montarse en el ascensor, que se encontraba completamente solo – quedaba muy poca gente en el recinto estudiantil. Una vez dentro, cerradas sus puertas, éste comenzó a ascender, cuando ¡De repente! Sintió como se detenía violentamente, tambaleándose, casi, haciéndola caer. Se había ido la luz.
Se encontraba sola, completamente sola, encerrada, comenzó a gritar muy fuerte pidiendo auxilio: - ¡Ayúdenme! ¡ Sáquenme de aquí! decía - en su desespero, siendo presa de un terror continuo, golpeaba las puertas con los puños cerrados hasta quedar enrojecidos, sangrando.
Pero nadie podía oírla, todos se habían ido. Trato de tranquilizarse, pensando, si, pensando en las muchas veces que había leído alguna que otra recomendación ante un caso parecido. Lo primero era mantener la calma, mucha calma. Respirar profundamente. Cuidar el oxígeno que la mantendría viva, tal vez hasta el día siguiente, pero no, era viernes, tendría que resistir hasta el lunes, en que si aun estaba con vida, los primeros al llegar y abrir el ascensor, seguramente la encontrarían casi muerta, o muerta.
Se sentó acurrucada en un rincón del pequeño ascensor, tomando de manera muy lenta bocanadas de aire. Nunca antes se había dado cuenta de lo pequeño que era, muy pequeño, lo mas que podrían entrar, serían tres personas, no mas. En esa posición en la que se encontraba, comenzó a orar mucho. Los minutos, los segundos, las milésimas de segundos, al igual que una carrera de automóviles de la fórmula uno, donde su propia velocidad los supera, haciéndose eternos; como si el tiempo se hubiera detenido en aquel silencio abismal que solo ella, solo ella estaba viviendo.
Miles de imágenes venían a su mente, tantos recuerdos, la familia, sus hijos, los amigos. Pensaba que si moría, quería le colocaran medias en los pies, que fueran blancas, de algodón, con algún detalle color rosa para que no le diera frío una vez enterrada tres metros bajo la tierra.
Tenía la certeza que al no llegar a casa a la hora acostumbrada comenzarían a preocuparse, a buscarla, a hacer llamadas, sin éxito ¡Oh, Dios! ¡Cuanta angustia! ¡Cuánto horror! Encerrada en el ascensor.
Miraba hacia todos los lados, había aun un poco de claridad lo suficiente para poder observar buscando una posible solución que le hiciera salir de la inverosímil situación en la que se encontraba, en la que el destino, la había colocado. Vio las puertas de metal color gris frente a ella y en un impulso desesperado, con una gran fuerza descomunal desconocida que se apoderó de su delgado y frágil cuerpo, comenzó a empujar, tratando de abrirlas, con la esperanza de que al hacerlo podría salir de allí. ¡Lo logró! Pudo abrirlas, quedando ante sus ojos más abiertos que nunca antes – aterrados - ¿Imaginen qué? Un muro de ladrillos rojos sin frisar era lo que se veía – se dijo a si misma: – Estoy enterrada viva.
Comenzó a gritar nuevamente pidiendo ayuda, diciendo: “Estoy aquí, encerrada en el ascensor, por favor sáquenme de aquí”. Silencio espectral. Tenía que tranquilizarse, seguir orando, conservando el oxígeno que la mantendría con vida hasta la semana siguiente. Así estuvo por largo tiempo, un tiempo eterno; del cual sabia, jugaba en su contra. Estaba anocheciendo, quedando totalmente a oscuras.
Cuando de pronto, escuchó a lo lejos un leve sonido, como el de unos pasos firmes que estaban encima, sobre su cabeza. Se levanto inmediatamente del piso gritando y golpeando más fuerte que antes, hasta agotar todas las fuerzas. Logrando escuchar una tenue voz de hombre que preguntaba: - ¿Hay alguien allí? ¿Hay alguien en el ascensor? – Si, si, si, gritaba - ¡Estoy aquí! ¡ Sáquenme por favor! Sintió como los pasos se alejaban sin decir nada, dejándola sumergida en el mas cruento silencio; para luego regresar con muchos más pasos.
Otra voz de hombre dijo: - Subiremos al techo del Edificio para tratar de subirla un poco a través de la Guayas, quédese tranquila, la sacaremos. De sus ojos comenzaron a brotar espontáneamente lágrimas, miles, millones de lágrimas, elevando su gratitud al Dios de los cielos, a la Virgen Santísima, porque habían escuchado todas las suplicas.
Muy lentamente, lentamente fueron subiendo el ascensor hasta llegar a un punto que dejaba entrever una abertura lo suficiente para salir, una tenue luz ilumino lo que antes era completa oscuridad; no sin antes observar los zapatos de los rescatistas. La sujetaron por ambos brazos mientras se impulsaba con ambas piernas hacia arriba en un desespero por salir lo más pronto de ese lugar. Al subir, abrazos con llanto hubieron, pero contentos por la obra realizada. Les dio las gracias infinitas desde lo más hondo de su corazón.
Al poco rato, uno de ellos comentó lo siguiente: - Que todos se habían ido, menos él, porque era el vigilante, dijo: - Cerré todas las puertas como es la costumbre, hice mi recorrido por todas partes para constatar que no hubiera nadie; pero algo muy extraño sucedió, un teléfono en las oficinas superiores no dejaba de sonar, repicaba incesantemente, como si quisiera que alguien atendiera la llamada, era tanto así, que decidió subir las escaleras para averiguar que sucedía (el ascensor se había dañado al irse la luz). Apenas subió, dejo de sonar el teléfono, pero una sombra cerca del ascensor le hizo ir a indagar quien estaba allí escondido detrás de una pared, no había nadie, tan solo escuché, a lo lejos, muy a lo lejos, una voz pidiendo ayuda, saliendo inmediatamente a la calle a buscar mas personas. El resto ya ustedes lo saben.
Los hámsters
Los hámsters caminan
a la luz del sol
están muy sonrientes
con blusa y pantalón.
¡Cada hámster hembra
come girasol!
¡Cada hámster macho
mastica pistacho!
Los pequeños hámsters
no saben cantar
llenos de música
sueñan con la mar.
La abuelita hámster
cocina tranquila
y un chorro de leche
derrama caliente.
Dentro de su jaula
suben la escalera
haciendo ejercicios
dentro de su rueda.
Los hámsters con sueño
se quieren dormir
contándoles cuentos
que no tengan fin.
a la luz del sol
están muy sonrientes
con blusa y pantalón.
¡Cada hámster hembra
come girasol!
¡Cada hámster macho
mastica pistacho!
Los pequeños hámsters
no saben cantar
llenos de música
sueñan con la mar.
La abuelita hámster
cocina tranquila
y un chorro de leche
derrama caliente.
Dentro de su jaula
suben la escalera
haciendo ejercicios
dentro de su rueda.
Los hámsters con sueño
se quieren dormir
contándoles cuentos
que no tengan fin.
El tasador de red (Cuento)
El Capitán del buque “La Caracola” se sumerge hasta las profundidades del mar, utilizando su traje sintético de látex de buzo de color negro para realizar el gran trabajo que tiene que hacer en el menor tiempo posible, aun cuando sabe al peligro que se expone, ya que hay algunos tiburones esperando comer algo fresco. Era un experto tasador de la red.
¿Sabes lo que es un tasador de red?: Es una forma marítima de llamar a aquella persona valiente por demás, con conocimientos específicos de saber cerrar la red a la que le ha abierto un tiburón un hoyo para entrar y comerse a los atunes que tanto a costado capturar.
Los atunes son atrapados en unas redes que miden hasta cinco (5) kilómetros de largo por dos (2) de ancho, allí pueden entrar tres mil (3.000) especies distintas, pero lo que nos interesa es el atún, que es muy atrayente para el paladar del tiburón, no solo para el hombre; las otras especies se sacan o se van.
Cuando el tiburón esta cerca de una red llena de atunes la rompe hábilmente con sus dientes bien afilados para comérselos tranquilamente en el fondo del mar. El tasador de red tiene el trabajo de sacar al tiburón y tapar el hoyo que este dejo al entrar, pero el tiburón no esta dispuesto a salir tan fácilmente, el tasador de red tampoco esta dispuesto a que le coman el atún.
Curiosamente, si algún atún se da cuenta por donde entro el tiburón, inmediatamente le avisa a los otros, para poder escapar solidariamente.
Un dato importante es, que dependiendo de la profundidad donde se crié el atún, cambiara su color; si esta mas expuesto al sol será más oscuro, pero si se cría en mayor profundidad será de color rosado.
El tasador de red utiliza unos arpones para hacer dormir al tiburón; otras veces utiliza una lanza eléctrica (de entre 200 wattios mínimo hasta 800 máximo) con la cual a veces resulta fácil empujarlo pero otras veces no tanto; y con ayuda de Guayas que están sujetas al buque, logran sacarlo, tapándose el hoyo lo mas rápido posible, con un nylon especial tejiendo la red para que no huyan los atunes.
Una vez arriba los atunes, se colocan en cavas heladas que los llevaran a tierra firme sin ninguna otra novedad; pudiendo en cada casa saborear este rico alimento, proveniente de los grandes mares del mundo con la ayuda insuperable de nuestro gran amigo: “El tasador de red”.
Donde te encuentres
Donde quiera que te encuentres,
amapola del sendero,
ha de llegar mi ternura
que arrullada yo te envío.
Cobíjala, que ha nacido
al beber de tu sonrisa,
esa cristalina gota,
de tu piel, como rocío.
Donde quiera que te encuentres,
libélula fina y dulce,
he de beber de tu vuelo,
que es el maná apetecido,
donde cantan las auroras
sobre campos florecidos.
Donde quiera que te encuentres
amor divino y profano,
acoge mi tierno canto
nacido de tu sendero
que ha llegado hasta mis manos.
amapola del sendero,
ha de llegar mi ternura
que arrullada yo te envío.
Cobíjala, que ha nacido
al beber de tu sonrisa,
esa cristalina gota,
de tu piel, como rocío.
Donde quiera que te encuentres,
libélula fina y dulce,
he de beber de tu vuelo,
que es el maná apetecido,
donde cantan las auroras
sobre campos florecidos.
Donde quiera que te encuentres
amor divino y profano,
acoge mi tierno canto
nacido de tu sendero
que ha llegado hasta mis manos.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)